El JNIM ya no habla como una insurgencia: la estrategia de Al Qaeda para gobernar el Sahel

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Introducción

Durante años, el éxito de las organizaciones yihadistas se ha medido por el número de atentados, las bajas infligidas a las fuerzas de seguridad o la extensión de los territorios bajo su control. Sin embargo, esos indicadores solo muestran una parte del problema. En conflictos prolongados como el del Sahel, la verdadera batalla no consiste únicamente en conquistar territorio, sino en convencer a la población de quién debe ejercer la autoridad cuando el Estado deja de ser capaz de hacerlo.

La entrevista publicada el 1 de agosto de 2026 por la fundación mediática az-Zallaqa, brazo propagandístico del Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), ofrece una oportunidad excepcional para comprender esa evolución. A lo largo de nueve páginas, el jeque Abou Mahmoud, emir del JNIM en Burkina Faso, expone la visión de la organización sobre el conflicto, su relación con la población, el papel de la religión, la administración del territorio y sus objetivos estratégicos.

A primera vista, podría parecer una entrevista propagandística más. Sin embargo, una lectura detallada revela algo diferente. El documento apenas dedica espacio a reivindicar operaciones militares o a exaltar la violencia. En su lugar, concentra buena parte de su discurso en cuestiones como la gobernanza, la legitimidad, la justicia, la gestión del territorio y la construcción de una autoridad alternativa al Estado. El combate aparece como un instrumento para alcanzar esos objetivos, no como un fin en sí mismo.

Este cambio de enfoque resulta especialmente significativo. El JNIM no intenta dirigirse a una audiencia internacional ni movilizar a simpatizantes en Occidente. Su mensaje está pensado, ante todo, para quienes viven en las zonas donde la organización compite diariamente con el Estado por el control efectivo del territorio y de la población. La entrevista constituye, por tanto, mucho más que un ejercicio de propaganda: es una declaración sobre cómo el grupo entiende el poder y sobre la forma en que aspira a consolidarlo.

Este análisis examina los principales mensajes del documento, identifica las audiencias a las que se dirige y evalúa qué revela esta entrevista sobre la evolución de la estrategia política y comunicativa del JNIM en Burkina Faso. Más que describir lo que dice Abou Mahmoud, el objetivo es comprender por qué lo dice y qué pretende conseguir con ello.

¿Quién es Abou Mahmoud y por qué importa esta entrevista?

Antes de analizar el contenido del documento conviene responder a una pregunta básica: ¿quién es Abou Mahmoud y por qué merece atención una entrevista de este tipo?

Abou Mahmoud es el emir del Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) en Burkina Faso, la rama nacional de una organización que, desde su creación en 2017 bajo el liderazgo de Iyad Ag Ghaly, se ha consolidado como la principal franquicia de Al Qaeda en el Sahel. El JNIM reúne a varias organizaciones yihadistas que operan de forma coordinada en Mali, Burkina Faso y Níger, combinando acciones militares, redes de apoyo local y una intensa actividad propagandística.

En los últimos años, Burkina Faso se ha convertido en uno de los principales escenarios de expansión del JNIM. La organización ha incrementado su presencia en amplias zonas rurales, donde el debilitamiento de las instituciones estatales, la inseguridad y las tensiones entre comunidades han favorecido el desarrollo de estructuras paralelas de autoridad. En muchas de esas áreas, el conflicto ya no se limita a una disputa militar, sino que enfrenta dos modelos de poder que compiten por la lealtad de la población.

En este contexto, la entrevista publicada por az-Zallaqa, el aparato mediático del JNIM, adquiere una relevancia especial. No se trata de un comunicado reivindicando un atentado ni de un vídeo propagandístico destinado a exaltar la violencia. Es una conversación extensa y cuidadosamente estructurada en la que el emir expone cómo interpreta el conflicto, qué papel atribuye a la organización y cuál es su visión sobre el futuro de Burkina Faso.

Precisamente por eso, este documento ofrece una oportunidad poco habitual para analizar no solo la narrativa del JNIM, sino también sus prioridades estratégicas. A lo largo de la entrevista se aprecia que el grupo dedica más esfuerzo a justificar su capacidad para gobernar que a describir sus operaciones militares, un detalle que ayuda a comprender la evolución de Al Qaeda en el Sahel.

Una entrevista dirigida a mucho más que sus combatientes

Uno de los errores más habituales al analizar la propaganda yihadista consiste en asumir que todos los mensajes están dirigidos exclusivamente a sus propios seguidores. Sin embargo, una lectura detallada de esta entrevista demuestra que el JNIM ha diseñado un discurso mucho más complejo, adaptado a diferentes audiencias y con objetivos específicos para cada una de ellas.

A lo largo de las nueve páginas del documento, Abou Mahmoud apenas dedica tiempo a glorificar el combate o a reivindicar operaciones militares concretas. En su lugar, construye un relato que busca influir simultáneamente sobre la población civil, los simpatizantes potenciales, los combatientes de la organización, las fuerzas de seguridad e incluso las organizaciones humanitarias que operan en Burkina Faso.

Esta diversidad de destinatarios explica la estructura del documento. Cada bloque responde a una finalidad distinta dentro de una estrategia de influencia más amplia.

En primer lugar, la entrevista está dirigida a la población de las zonas rurales donde el Estado y el JNIM compiten por el control efectivo del territorio. El mensaje insiste de forma recurrente en conceptos como la justicia, la seguridad, la resolución de conflictos o la administración local. Más que convencer a la población de un proyecto ideológico, intenta transmitir la idea de que la organización puede ofrecer un orden más eficaz que las instituciones estatales.

Al mismo tiempo, el documento busca consolidar la cohesión interna del movimiento. Varias secciones están claramente orientadas a reforzar la moral de los combatientes, recordar la importancia de la disciplina y presentar las dificultades del conflicto como una prueba religiosa que debe afrontarse con paciencia. La entrevista actúa, por tanto, como una herramienta de liderazgo interno además de un instrumento de propaganda.

También existe un mensaje dirigido a quienes combaten junto al Estado. En lugar de limitarse a calificarlos como enemigos, Abou Mahmoud les ofrece la posibilidad de abandonar las armas y desvincularse del Gobierno antes de advertirles de las consecuencias de seguir colaborando con él. Este tipo de mensajes forman parte de las operaciones psicológicas habituales en las insurgencias, cuyo objetivo no es únicamente derrotar militarmente al adversario, sino erosionar su voluntad de resistir.

Finalmente, resulta especialmente significativo que el JNIM dedique parte de la entrevista a las organizaciones humanitarias y otros actores internacionales. Al presentar al grupo como un interlocutor capaz de garantizar la seguridad de quienes actúen con neutralidad, intenta proyectar la imagen de una autoridad con capacidad para gestionar el territorio, alejándose deliberadamente de la imagen de una organización exclusivamente armada.

En conjunto, la entrevista refleja una evolución importante en la comunicación del JNIM. Su objetivo no parece ser movilizar una audiencia global ni lanzar amenazas contra Occidente. El esfuerzo principal se concentra en influir sobre quienes viven, trabajan o combaten en las zonas donde la organización aspira a consolidar su autoridad. Esa diferencia es fundamental para comprender el resto del documento.

La legitimidad religiosa como fundamento del proyecto político

Uno de los aspectos más significativos de la entrevista es que Abou Mahmoud no comienza hablando de operaciones militares, victorias en el campo de batalla o capacidad de combate. Su primer objetivo consiste en establecer la legitimidad del JNIM desde una perspectiva religiosa. No se trata de un recurso retórico, sino del pilar sobre el que construye todo el discurso posterior.

A lo largo de la entrevista, el emir presenta la actuación del JNIM como una obligación derivada de la fe, vinculando la actividad de la organización a la defensa del islam y al cumplimiento de un mandato religioso. Desde esta perspectiva, el conflicto deja de ser una simple confrontación armada contra el Estado burkinés y pasa a interpretarse como una cuestión de obediencia a principios considerados superiores.

Este planteamiento cumple varias funciones simultáneamente. En primer lugar, dota de coherencia ideológica a la organización y refuerza la cohesión entre sus miembros. En segundo lugar, dificulta que el conflicto pueda percibirse únicamente como una disputa política o territorial. Finalmente, sitúa al JNIM como una autoridad moral con capacidad para emitir juicios sobre la legitimidad del Estado, de las fuerzas de seguridad e incluso de quienes colaboran con ellas.

Sin embargo, resulta especialmente interesante que la dimensión religiosa no monopolice el resto del documento. Una vez establecido ese marco de legitimidad, la entrevista evoluciona rápidamente hacia cuestiones relacionadas con la administración del territorio, la seguridad, la justicia y la relación con la población civil. En otras palabras, la religión funciona como el punto de partida que permite justificar un proyecto de gobernanza mucho más amplio.

Este cambio de enfoque constituye una de las principales diferencias con buena parte de la propaganda yihadista difundida durante las dos últimas décadas. Mientras que muchos mensajes de Al Qaeda o del Estado Islámico dirigidos a una audiencia internacional priorizaban la confrontación ideológica y la movilización global, Abou Mahmoud concentra su discurso en problemas cotidianos que afectan directamente a las comunidades rurales de Burkina Faso. La prioridad ya no es convencer al mundo, sino consolidar la autoridad del JNIM allí donde aspira a ejercer el poder.

Desde esta perspectiva, la legitimidad religiosa deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en el instrumento que sostiene la siguiente fase de la estrategia: convencer a la población de que el JNIM no solo combate al Estado, sino que está preparado para sustituirlo.

La verdadera batalla no es el territorio, sino la población

Uno de los errores más frecuentes al analizar el avance de los grupos yihadistas en el Sahel consiste en medir su éxito exclusivamente por el número de localidades que controlan o por la superficie de territorio bajo su influencia. Sin embargo, la entrevista de Abou Mahmoud sugiere que el JNIM maneja una concepción mucho más sofisticada del poder.

A lo largo del documento apenas presume de haber conquistado ciudades o de controlar amplias extensiones de terreno. En cambio, insiste de forma reiterada en la relación entre la organización y la población. La seguridad, la justicia, la resolución de conflictos y la administración de la vida cotidiana aparecen como elementos centrales de su discurso. No es una elección casual. Refleja una comprensión de que el éxito de una insurgencia depende menos de ocupar físicamente un territorio que de conseguir que la población acepte su autoridad como algo normal.

En este sentido, la entrevista transmite una idea constante: el Estado puede seguir presente sobre el papel, pero dejar de ser la autoridad efectiva si pierde la confianza o la capacidad de proteger a la población. Allí donde las instituciones desaparecen, funcionan de manera intermitente o son percibidas como ineficaces, el JNIM intenta ocupar ese espacio ofreciendo un sistema alternativo de normas, seguridad y resolución de disputas.

Este aspecto resulta especialmente relevante en las zonas rurales de Burkina Faso, donde muchas comunidades mantienen una relación limitada con las instituciones estatales. El discurso de Abou Mahmoud no se dirige principalmente a personas ya convencidas de la causa yihadista, sino a quienes necesitan resolver problemas cotidianos: proteger sus cultivos, desplazarse con seguridad, resolver conflictos entre comunidades o acceder a mecanismos de arbitraje. Al responder a esas necesidades, el JNIM intenta transformar una presencia armada en una forma de autoridad aceptada.

Esta estrategia también explica por qué el emir dedica relativamente poco espacio a describir acciones militares concretas. La organización parece considerar que las operaciones armadas constituyen un medio para modificar el equilibrio político y social, pero no el objetivo final del conflicto. La prioridad consiste en construir una relación de dependencia entre la población y la estructura insurgente, reduciendo progresivamente la influencia del Estado.

Desde esta perspectiva, la entrevista permite comprender que el verdadero objetivo del JNIM no es únicamente expulsar a las fuerzas gubernamentales de determinadas áreas. Su ambición es mucho más profunda: convertirse en la autoridad de referencia para quienes viven en esos territorios, de forma que la presencia del Estado deje de ser percibida como imprescindible.

En otras palabras, el documento no describe una estrategia de conquista militar, sino un proceso de sustitución gradual de la autoridad estatal. Esa diferencia es fundamental para entender la evolución del conflicto en el Sahel y la creciente dificultad de los gobiernos de la región para recuperar un control efectivo sobre determinadas zonas.

La gobernanza como arma estratégica

Uno de los elementos más reveladores de la entrevista es que Abou Mahmoud apenas dedica tiempo a describir operaciones militares. En cambio, insiste repetidamente en cuestiones relacionadas con la administración del territorio, la justicia y la relación entre el JNIM y la población civil. Esta elección no parece casual. Refleja una estrategia en la que la gobernanza adquiere tanta importancia como la acción armada.

A lo largo del documento, el emir intenta transmitir la idea de que la organización no solo combate al Estado burkinés, sino que también es capaz de asumir funciones tradicionalmente reservadas a las instituciones públicas. La resolución de conflictos, la aplicación de normas, la protección de determinadas comunidades o la gestión de la seguridad aparecen presentadas como pruebas de esa capacidad.

Este discurso responde a una lógica propia de las insurgencias prolongadas. Cuando un conflicto se extiende durante años, el éxito deja de depender exclusivamente de la capacidad para infligir bajas al adversario. También pasa por demostrar a la población que existe una autoridad alternativa capaz de ofrecer estabilidad allí donde el Estado ha perdido presencia o legitimidad.

La entrevista intenta precisamente construir esa percepción. En ningún momento se presenta al JNIM como un actor temporal o como una fuerza de paso. Por el contrario, el mensaje transmite continuidad, organización y vocación de permanencia. La organización se describe como una estructura preparada para ejercer autoridad de forma duradera, no únicamente para desarrollar acciones militares.

Desde esta perspectiva, la gobernanza deja de ser una consecuencia del avance militar y se convierte en un objetivo estratégico en sí mismo. La violencia continúa siendo un instrumento esencial, pero subordinado a un propósito más amplio: consolidar una relación de dependencia entre la población y la organización insurgente, debilitando progresivamente la capacidad del Estado para recuperar su influencia.

La comunicación estratégica del JNIM

La entrevista de Abou Mahmoud no puede interpretarse únicamente como un ejercicio de propaganda. Su estructura, el orden de las preguntas y los temas abordados revelan un esfuerzo consciente por construir un relato político coherente sobre el papel del JNIM en Burkina Faso.

Resulta significativo que el emir apenas dedique espacio a reivindicar atentados o enumerar éxitos militares. En lugar de ello, la conversación gira alrededor de cuestiones como la legitimidad religiosa, la relación con la población, la administración del territorio y las razones que, según la organización, justifican su presencia en determinadas zonas del país. La violencia aparece integrada en un discurso más amplio cuyo objetivo es presentar al JNIM como un actor político con capacidad para ejercer autoridad.

Otro aspecto llamativo es el tono empleado durante toda la entrevista. Lejos del lenguaje apocalíptico o de las amenazas dirigidas a Occidente que caracterizaron gran parte de la propaganda yihadista durante las décadas anteriores, Abou Mahmoud adopta un discurso relativamente sereno y argumentativo. Su propósito no parece ser intimidar al lector, sino persuadirlo de que la organización representa una alternativa viable al Estado.

Esta evolución refleja un cambio más profundo en la estrategia comunicativa del JNIM. La organización parece asumir que la legitimidad no puede construirse únicamente mediante la fuerza. También requiere controlar el relato, explicar sus acciones y ofrecer una narrativa capaz de justificar su presencia ante distintos públicos. La entrevista constituye, en este sentido, una herramienta de influencia diseñada para reforzar esa percepción.

No se trata únicamente de convencer a potenciales combatientes. El documento también envía mensajes a las comunidades locales, a las autoridades burkinesas, a los actores internacionales e incluso a los analistas que siguen la evolución del conflicto. Cada uno de estos públicos encuentra referencias específicas que buscan influir en su percepción sobre el papel del JNIM en el Sahel.

Por ello, reducir esta entrevista a un simple producto propagandístico sería un error analítico. Más que un discurso de movilización, representa un ejercicio de comunicación estratégica orientado a consolidar la imagen de una organización que aspira no solo a combatir, sino también a gobernar y a ser reconocida como una autoridad legítima en los territorios donde opera.

Lo que esta entrevista revela sobre la evolución de Al Qaeda en el Sahel

Más allá de su contenido inmediato, la entrevista permite identificar una transformación más profunda en la forma en que el JNIM —y, por extensión, Al Qaeda en el Sahel— concibe su papel dentro del conflicto. El documento refleja una organización que ya no se presenta únicamente como un movimiento insurgente, sino como un actor con ambiciones políticas y administrativas.

Durante los primeros años de la expansión yihadista en la región, la comunicación de estos grupos se centraba principalmente en demostrar capacidad militar. Los comunicados reivindicaban ataques, destacaban bajas infligidas al enemigo y buscaban proyectar una imagen de fortaleza para atraer combatientes y mantener la moral de sus seguidores. En esta entrevista, sin embargo, esa dimensión ocupa un lugar secundario.

El énfasis se desplaza hacia cuestiones como la justicia, la administración, la relación con las comunidades y la legitimidad. La violencia sigue estando presente, pero deja de ser el elemento central del relato para convertirse en una herramienta al servicio de un proyecto político más amplio. El mensaje implícito es que el JNIM no pretende únicamente expulsar al Estado de determinadas zonas, sino reemplazarlo allí donde ha perdido capacidad de actuación.

Este cambio tiene importantes implicaciones para el análisis del conflicto. Si una organización insurgente dedica cada vez más esfuerzos a explicar cómo gobierna, cómo resuelve disputas o cómo se relaciona con la población, significa que considera esos aspectos tan decisivos como el éxito militar. En otras palabras, entiende que la consolidación de su influencia dependerá tanto de la percepción de legitimidad como de su capacidad para mantener la presión armada.

Desde esta perspectiva, la entrevista puede interpretarse como un indicador de madurez organizativa. El JNIM parece asumir que las guerras prolongadas no se ganan únicamente mediante la superioridad táctica, sino construyendo estructuras capaces de perdurar en el tiempo y de sustituir progresivamente las funciones del Estado.

Esta evolución obliga también a replantear la forma en que se evalúa el avance de la organización. Medir únicamente el número de ataques o el territorio bajo influencia puede resultar insuficiente si, paralelamente, el grupo está consolidando mecanismos de gobernanza, ampliando sus redes sociales y fortaleciendo su legitimidad entre determinados sectores de la población.

En ese sentido, la entrevista no solo ofrece información sobre las prioridades actuales del JNIM. También anticipa el tipo de desafío que probablemente afrontarán los Estados del Sahel en los próximos años: una organización que aspira a ejercer autoridad de manera estable y que entiende que la influencia política y social puede resultar tan decisiva como la victoria en el campo de batalla.

Una insurgencia que quiere ser Estado

La entrevista de Abou Mahmoud constituye mucho más que un ejercicio de propaganda. Es un documento que permite observar cómo el JNIM quiere ser percibido y, sobre todo, cómo entiende su propio papel en el futuro del Sahel.

A lo largo de sus páginas, la organización evita proyectar la imagen de un grupo armado centrado exclusivamente en la violencia. En su lugar, construye un discurso basado en la legitimidad religiosa, la gobernanza, la administración del territorio y la protección de las comunidades que viven bajo su influencia. La acción militar continúa siendo un componente esencial de su estrategia, pero deja de ocupar el centro del relato para integrarse en un proyecto político más amplio.

Este cambio de enfoque no implica que el JNIM haya abandonado sus objetivos ideológicos ni su capacidad operativa. Significa, más bien, que considera insuficiente la victoria militar si no va acompañada de la consolidación de una autoridad capaz de perdurar en el tiempo. El desafío ya no consiste únicamente en expulsar al Estado de determinadas zonas, sino en sustituirlo mediante estructuras propias de poder.

Precisamente por ello, documentos como esta entrevista merecen una atención especial. Analizar únicamente los atentados, las ofensivas o el número de combatientes ofrece una visión incompleta del fenómeno. La comunicación estratégica también proporciona información valiosa sobre las prioridades, la evolución doctrinal y las ambiciones de una organización insurgente.

En este caso, el mensaje resulta claro: el JNIM no quiere ser percibido únicamente como una fuerza de combate. Aspira a convertirse en una autoridad política, judicial y administrativa capaz de ejercer un control duradero sobre amplias zonas del Sahel. Esa aspiración explica buena parte del lenguaje empleado en la entrevista y ayuda a comprender por qué la organización dedica cada vez más esfuerzo a hablar de gobernanza que de operaciones militares.

La principal conclusión, por tanto, no es que el JNIM haya cambiado su naturaleza, sino que ha ampliado su estrategia. La insurgencia sigue siendo el instrumento. La construcción de una autoridad alternativa es el objetivo. Comprender esa evolución resulta esencial para interpretar la dinámica actual del conflicto en el Sahel y para evaluar los retos que afrontarán los Estados de la región en los próximos años.

Cinco claves para entender la entrevista de Abou Mahmoud

El JNIM ya no comunica como una insurgencia tradicional. Su discurso prioriza la legitimidad, la gobernanza y la administración del territorio.

La población es el verdadero centro de gravedad del conflicto. La organización busca consolidar su influencia sobre las comunidades antes que controlar físicamente cada localidad.

La gobernanza forma parte de la estrategia militar. Justicia, seguridad y resolución de conflictos se presentan como herramientas para fortalecer su autoridad.

La entrevista es una operación de comunicación estratégica. El mensaje está dirigido simultáneamente a la población, las fuerzas de seguridad, los actores humanitarios y la comunidad internacional.

El desafío ya no es únicamente militar. El documento refleja la aspiración del JNIM de sustituir progresivamente al Estado mediante la construcción de estructuras propias de autoridad.

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